CUENTOS

"La frustración de Leviathan"

RESUMEN PREHISTORICO

Enormes islas de granito fraguándose a elevadas temperaturas mantenían sus deformes cuerpos escondidos en la neblina cósmica de hidrógeno y polvo espacial que las apañaba. Detrás de la liviana estela protectora las grandes piedras parecían cobrar vida en cada una de sus extensísimas bocanadas de fuego. Movimientos de lamento y de dolor se consumían en las llagas del gigantesco parto. Erupciones de gases gritaban desde las entrañas del fragmento orbital dando origen a una densa cortina de limbos negros, indispensables secuelas que no dejaban de llorar. Una y otra vez las lágrimas volvían a evaporarse al tocar la dura y ardiente piel rocosa y así, disimuladamente, subían de regreso a su oscuro trampolín. Cada gota se convertía en un bálsamo de esperanza con la constante misión de enfriar los berrinches del recién nacido. En medio de este incansable llanto comenzaron a diferenciarse los primeros elementos y sustancias. Inigualables en su particular, único y especial origen, eran las muestras que anunciaban el tan preciado milagro.
El hijo del sol estaba preparado para ser fértil.
Entonces llego Ziz, el peregrino. Sin dudarlo soltó el huevo de la vida dejándolo caer sobre el caldo de cultivo de los océanos primordiales. Una célula con toda la información necesaria dentro de la cual, Yo también dormía. Luego agregó a su rutina un pequeño envión corporal y siguió volando. El contenido de moléculas orgánicas de este óvulo fue majestuosamente seleccionado para reaccionar con la esencia química de un incipiente proto-planeta, también previa y minuciosamente elegido, por El Creador.
Encomendándole la faena de llevarlo y depositarlo en plena cinética del cuerpo celeste el Zis había cumplido con su trabajo.
Las primitivas cadenas de carbono comenzarán a mezclarse con los elementos químicos presentes esperanzadas de encontrar aquella combinación que de inicio a la vida. Específica, única, propia de tan gloriosa y Divina selección, el núcleo de energía vital surgida de esta nimia y perfecta simbiosis, célula-planeta, evolucionará contenida dentro de cada organismo, aunque una sola especie será merecedor de llevarla hasta su perfección en estado de luz pura y transparente.
Naceré con estas primeras aguas y creceré con ellas, hasta verlas convertidas en el inmenso y majestuoso piélago que dominará este mundo.
Soy un Leviathan hijo de Dios. Nosotros, los Leviathanes, somos los únicos seres biológicamente prefabricados por El. Una especie de renacuajos injertados en el líquido génesis de un huevo, donde nadamos de aquí para allá rebotando contra las paredes ansiosos por salir. A pesar de nuestro desairado aspecto inicial somos seres superiores, de carne inmortal, inteligentes y con un cerebro adecuado para el aprendizaje permanente. Yo diría que somos Cuasidivinos. Pero la inteligencia no es el simple producto de una actividad cerebral, si fuese así cualquiera que disponga de este órgano podría tenerla, la inteligencia es mucho más que eso. Es un don que adquieren aquellos que demuestren ser nobles merecedores de guiar la virtud de todo el planeta a su máximo estado de pureza.
Nuestra función es la que sigue a la del Zis.
Zis es también inmortal pero el es único, quiero decir no existen otros Zises, si así fuese como se debería decir. Un solitario que se la pasa volando. Yendo y viniendo, colocando huevos en los lugares que le fueron señalados. Dicen que es hermoso y con un carácter muy especial, siempre va silbando o tarareando alguna melodía, con una sonrisa en su cara, mientras cumple con su inagotable rutina. Esta bien que se la pasa viajando, conociendo distintos lugares, amigos por todas partes, cruzándose siempre con un motivo de distracción. En fin jamás encontraría tiempo para aburrirse. En cambió yo estoy en este pequeño cuerpo celeste, uno de los elegidos, para cuidar el núcleo de la vida, vigilar la evolución de sus habitantes, guardar y custodiar el Libro de La Sabiduría y trasmitírselos a quienes lo merezcan luego de que hallan recibido el don a partir del cual se convertirán en bioseres inteligentes, capaces de cultivar sus propias experiencias, concibiendo, comparando y juzgando las cosas, induciendo y deduciendo unas de otras llegarán a convertirse en esos individuos cuyo comportamiento indiquen la certeza de que lograrán la máxima capacidad de conciencia. Aquella que le servirá para purificar definitivamente el vigor que animará sus cuerpos. De esta manera cada individuo será conciencia, cada conciencia será luz y cada luz se unirá a la luz del resto de los organismos vivos formando un solo y gigantesco haz que será elevada a la Fuente de Luz Divina y Eterna. Al final solo quedará una pequeña y fría piedra girando alrededor del sol para mantener la estabilidad cinética del cosmos. La complejidad de este mecanismo es la única manera por la cual se puede producir el más potente combustible, el perfecto producto final, que brinda la fuerza suficiente para poder mantener contenida y en orden la expansión de “El Universo” evitando ser consumido por “El Vacío” que lo rodea. Así es la creación, una complicada fábrica de la más extraordinaria energía, el Amor, necesario para seguir empujando. Pequeña responsabilidad la mía, la de nosotros, Los Leviathanes. A cada uno nos toca un planeta y en él, una especie a la cual debemos educar y acompañar hasta su total purificación. Me esperan millones y millones de años de trabajo antes de poder unirme a mis hermanos Leviathanes. Dicen que el gigante Portal de los Bálsamos es un infinito paraíso soñado donde podemos continuar existiendo en carne y hueso, si eso es lo que elegimos luego de cumplir satisfactoriamente con nuestra misión. Pero falta mucho camino por recorrer, primero debo poder salir de este Huevo. Pero ! que dura que esta la cáscara. Dale, rompete de una vez. Estoy listo para comenzar a trabajar. Sr. Zis. Sr. Zis ! . . . ayudeme por favor. Por favor no bromee señor. Hey ! Zis !. . . dele abridme señor !!!. Hey ! Ser ! . . . Ziiiiiiiiiiiis !!! . . .